Las hojas de Valira. Capítulo 1
Al día siguiente desperté temprano, no por nadie sino por mí, una reacción extraña de mi cuerpo, supongo. Caminé por los pasillos vestida con un camisón blanco y largo de pijama, un silencio sepulcral mezclado con los primeros rayos del sol que atravesaban los grandes ventanales, y entonces un cuadro de Camille y Noah, posando con atuendos de nobles.
—Duquesa de D’Ur, Camille D’Ur Melgar et Estuarda, Duque Noah Urda D’Ur Hidalgo Castela. —Leí en alto. —Buah, más largos que su puta madre y sólo repiten el apellido de matrimonio, rarete para ser nobles, ni rastro de endogamia.
—Tú, no deberías estar aquí.
La voz de un chico se escuchó de cerca, y al mirar a los lados, vi al fondo del pasillo la sombra de un niño con un par de ojos rojos brillantes. Me paralicé un poco por el miedo, cada vez se acercaba más a mí pero no era capaz de huir.
—Ah, eres la hija de su excelencia.
Vi entonces que tendría unos diez años o así, cabello oscuro y corto, ojos de iris rojos apagados que intimidaban un poco, la piel pálida, y vestía con camisa y pantalón negros, chaleco gris y botas de cuero.
—Había oído que te habías recuperado, es un alivio. —Habló apagado. —De todas formas, no deberías rondar por esta área de palacio, no sé si lo sabías.
—La verdad que no ¿Hay algo peligroso o qué?
—No, es… porque mi familia me ha enviado a vivir aquí desde la capital, desde hace unos días he estado viviendo en palacio pero pasó lo de tu enfermedad y… tiene sentido que no lo supieras. —Hizo una reverencia. —Perdón mis modales, soy el príncipe Edelius D’Ishala Montvalois Melgar et Estuarda.
—Ah, Alexa. —Hice una reverencia un poco burda y él intentó no reír. —Hago lo que puedo, jolín.
—Lo imagino. —Sonrió de forma burlona y se cruzó de brazos. —En cualquier caso… deberías volver a tu habitación.
—¿Prefieres que te deje solo con tu amargura y tristeza?
—Yo… yo no estoy triste. —Levanté una ceja. —En serio, sólo echo de menos mi casa.
—¿Y la solución es estar solo?
—La solución es que una niña pequeña no debería decirme como me siento. —Exclamó enfadado. —Es un crimen incluso ofender a un príncipe.
—Pero no te ofendo, en plan… estás solo en un sitio nuevo y yo intento ser tu amiga. —Me crucé de brazos. —Pero si prefieres ser un príncipe solitario y triste en un sitio nuevo, pos to pa ti.
—Los príncipes no tienen amigos, son aspirantes al trono y…
—¡Meh, me aburro! —Le interrumpí y le tomé de la mano. —Venga, vamos a desayunar.
Lo llevé conmigo a rastras, caminando por todo el palacio hasta un gran salón con una larga mesa en donde estaba tumbada encima Eyra, quien comía una naranja mientras miraba al techo.
—¡Eyra, tengo un amigo nuevo! —Grité asustándola. —¡Es un príncipe triste que vive en secreto aquí!
—¡Yo no vivo en secreto aquí y no estoy triste!
—Sí que parece triste. —Eyra le observó detenidamente y Edelius se zafó de mí enfadado. —Pero es un poco borde.
—Por favor, parad esta tortura. —Edelius suspiró molesto. —Desayunaremos juntos y en silencio ¿De acuerdo? Iré a buscar a una sirvienta y vais a esperarme aquí.
Le vimos marcharse y me senté en una de las sillas a la vez que Eyra a mi lado. Príncipe o no, se notaba que había mucho más, que sufría, y me decidí a apoyarle.
—¿Exactamente que tiene de especial un príncipe? —Preguntó Eyra entre susurros. —¿Tiene poderes o así?
—Son chorradas para diferenciar a gente y ya está. —Me encogí de hombros. —Me llama más que tiene unos ojos chulos y está triste.
—Yo también tengo ojos chulos. —Sonreí al verla celosa.
—Es verdad, también los tienes. —Me rasqué la nuca y desvié la mirada. —Pero me apetece ser su amiga sobretodo porque puedo empatizar con eso de estar en un lugar lejos de casa y que se venga el mundo encima. Siempre es bueno tener amigos, todo el peso se hace más fácil de llevar.
Cuando volvió, tan sólo se sentó frente a nosotras y se mantuvo callado con los ojos cerrados. Una sirvienta trajo un tablero de ajedrez con fichas que fue colocando y otra una tetera, tazas, y dulces.
—No sé jugar. —Exclamó Eyra. —¿Me enseñáis?
—Por supuesto. —Respondió Edelius. —Escoge blancas o negras.
Durante toda la mañana les vi jugar muchas partidas, cada una un escalón en el que veía bajar las barreras del príncipe. Disfrutaban más y más, se picaban entre ellos, bromeaban y reían.
Fue entonces cuando vi que Camille nos observaba a escondidas y sonreía orgullosa. Me levanté y me acerqué a ella con cuidado sin que notaran mi ausencia.
—Así que estás ayudando a su alteza a integrarse. —Asentí varias veces. —Ya veo, quieres ser su amigo.
—Me cae bien, un poquito.
—Su alteza está bajo mi tutela, y aún me cuesta que confíe en mí, pero tú ya has hecho mucho y te lo agradezco. —Asentí orgullosa. —Va a ser complicado aún que comience sus clases para caballero, pero podrías estudiar con él, aunque seas un poco joven.
—¿Sería como tú?
—Así es, pero sólo aprenderás cosas teóricas con tu edad. —Asentí varias veces. —Y a los diez años aprenderás a usar armas.
—¿Cómo una espada?
—Eso es lo básico. —Se rascó la barbilla. —Y otras armas, claro.
—¡Quiero aprender!
—¿Tú también quieres serlo? —Sonreí nerviosa y ella reía. —Claro que sí, y para compensar, tu padre estaría encantado de enseñarte magia.
—¡Genial!
—Me alegra que te guste la idea, Alexa. —Se arrodilló y acarició mi cabeza. —¿Cómo te sientes hoy?
—Mmm… bien, muy bien.
—Me alegra saberlo. —Sonrió aliviada y se levantó. —No te entretengo con tus tareas de anfitriona.
—Seré una anfitriona excelente, mamá.
—Ese es el espíritu, hija. —Sonrió feliz e hizo una reverencia. —Nos vemos en la comida.
Vi como se marchaba y una parte de mí se sintió bien, esos gestos y miradas, esas palabras, ese tono, yo era su hija y… a pesar de conocerla apenas… era mi madre. Siempre quise tener una familia así, una madre que me apoyara que me cuidara y que se sintiera orgullosa de mí, es lo que siempre había deseado.
No pude evitar llorar un poco, emocionada y agradecida por lo que estaba viviendo. Pero también me sentía culpable, no era realmente su hija, y al mismo tiempo… las emociones y acciones que cometía no las sentía como mías del todo, un coctel extraño de emociones que me zarandeaba.
—¿Hija? ¿Qué te ocurre? —Noah estaba ante mí arrodillado y preocupado. —¿Algo te duele?
Negué con la cabeza y le abracé con fuerza, llorando sin parar. Me tomó en brazos y me llevó con él, relajándome durante el camino hasta el jardín.
Estuvo en silencio todo el tiempo mientras yo lloraba, acariciándome a veces la cabeza. Fue cuando mi llanto terminó, fue cuando decidió dejarme en el suelo y sentarse en el suelo.
—Este mundo suele ser cruel a veces. —Carraspeó y alzó la vista al cielo. —La vida, más bien, o ambas. No siempre elegimos las cosas que tenemos, desde que venimos, ya está establecido, tu familia de sangre, tus talentos, tu origen. Y a veces la vida te puede dar o quitar, te puede destrozar. Verte ahí en la cama sufriendo, mi propia hija…
—Papá…
—He destruido monstruos poderosos y tiranos temibles, he luchado por ser archimago y por proteger estas tierras a pesar de… ser despreciado por quienes eran mi familia. —Apretó las manos mientras su voz se quebraba. —Tú y tu madre sois lo que más amo, y siento ahora que cada aflicción que sufres… no puedo… arreglarla, no tengo ese poder, y no puedo sino pedir perdón por decepcionarte, hija.
—Papá siempre está conmigo, nunca me decepciona. —Vi en él una sonrisa y su mirada se iluminó al verme. —Cuando estaba mala, soñaba cosas muy malas y me da miedo a veces recordarlo.
—¿Sabes lo bueno de tener sueños malos? —Secó mis lágrimas con su manga. —Que no existen, nunca han pasado, y que al despertar, estarás con las personas que te quieren.
Sonreí un poco y le sequé las lágrimas con mi camisón. Me senté en su regazo y observé el cielo despejado, serena y tranquila junto a aquel hombre que era mi padre.
—Pase lo que pase y hagas lo que hagas, siempre estaré orgulloso de ti y apoyándote. —Asentí varias veces. —Porque eres mi hija y nada podrá cambiar eso, y cuando cometas errores, yo estaré ahí para acogerte.
Sonreí feliz oyendo esas palabras y cerré los ojos. Ese consuelo no lo tuve nunca en el pasado, y sentir que tenía un padre que me consolaba y que se preocupaba por mí me hizo muy feliz.
—Debería ir a mi despacho y preparar las futuras clases. —Habló más relajado y se levantó conmigo en sus brazos. —Escuché lo que dijo tu madre, vas a estudiar magia al fin.
—Y que tú me vas a enseñar.
—¡Eso es! —Gritó orgulloso y me dejó en el suelo. —Estoy ansioso por darte clases.
Le vi marcharse a palacio y tras unos momentos, salieron Eyra y Edelius. Me miraron preocupados y sonreí un poco para tranquilizarles.
—¿Te encuentras bien? —Preguntó Eyra y asentí. —Vas a aprender magia o eso hemos oído a escondidas.
—Así es.
—Tiene sentido, eres hija del archimago de uno de los tres imperios. —Se cruzó de brazos Edelius. —Supongo que seremos compañeros de clase.
—También voy a estudiar para ser caballero.
—Eres la heredera del ducado de D’Ur, tienes la vida resuelta. —Exclamó molesto. —¿Por qué querrías ser caballero? Más siendo una dama, podrías simplemente dedicarte a aprender a dirigir el ducado o ceder a un administrador y vivir la vida sin preocupaciones, no a hacer un juramento y arriesgar tu vida por causas egoístas de nobles y la realeza, lejos de tu hogar y en lugares inhóspitos.
—Supongo que porque me gusta la idea de pelear y eso, no tanto de vivir siendo cuidada y encerrada entre cuatro paredes. —Hablé relajada y feliz. —Es la vida que me gustaría vivir.
—Eres una chica rara, Alexa. —Suspiró molesto. —Pero si quieres gastar tu libertad en eso, allá tú.
—Yo también quiero ser caballero. —Eyra levantó la mano lo que sorprendió más a Edelius. —Y así acompañar a Alexa porque somos amigas.
—¡Vamos allá! —Ambas nos abrazamos y él gruñó molesto. —Mientras estemos juntas, todo estará bien.
—¡Sí!
—Si tuviera vuestra libertad, haría lo posible por no ser caballero. —Cerró los ojos y apretó los puños. —Quizás vivir en una granja lejos de todo, sin que dicten mi camino para sobrevivir, pero no todos podemos elegir.
—Pero estás aquí ahora ¿No? Con mi mamá y papá, y conmigo. —Le di un pequeño golpe en la frente. —Nadie va a intentar hacerte daño si vives con nosotros, y si tienes que tomar ese camino, pues no estás solo.
—Ya… supongo que no. —Abrió los ojos y desvió la mirada. —Lo único que deseo realmente me es inalcanzable en estos momentos, sólo puedo hacerme más fuerte.
—Bueno, sea lo que sea, te ayudaremos cuando sea el momento. —Hablé orgullosa. —Porque tus amigas serán caballeros.
—No somos amigos, sólo me conoces desde hace nada.
—El inicio de una buena amistad. —Me encogí de hombros. —Seguro que Eyra está de acuerdo.
—¿De verdad queréis ser mis amigas? Lo único que deseo es... Hacer daño a mi familia ¿Soy siquiera la clase de persona de la que queréis su amistad? —Empezó a reír hasta que suspiró. —¿La clase de persona que abrazó una magia prohibida para eso? ¿De verdad?
—Eso no te hace mala persona. —Me rasqué la nuca. —Sigo queriendo ser tu amiga.
—Tú y tu tía sois como gotas de agua. —Negó con la cabeza. —Paso, volvamos, tenemos una partida de ajedrez y voy ganando.
—¡Pero no es justo, no conozco el juego!
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