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Mostrando entradas de junio, 2026

Las Hojas de Valira. Capítulo 31

Al amanecer, ya habíamos partido hacia el norte, como un pequeño ejército moviéndose por antiguos senderos ya olvidados. Al principio vimos raíces cortadas y podridas que surgieron hace mucho del suelo, como si la magia eloar hubiese estado presente. También vimos a unas especies de arañas y humanoides consumidos por el liquen y las setas, atrapados por raíces que consumían su carne desde el interior. Algunas figuras humanoides parecían también hechas de madera, quienes tenían también armaduras oxidadas de un diseño que no se parecía a nada del continente o el mundo. —Que no compartamos su destino, ya dice que estamos en el sitio correcto. —Exclamó Varea. —En otro tiempo nos habríamos tenido que enfrentar a sus más fieles y a su magia. —Tenemos que escribir eso en nuestros diarios. —Killian le habló a mi padre pero le ignoró. —¿Mi buen amigo? —La investigación es importante, pero mi hija lo es más. —No manejáis bien vuestros miedo, mago. —Exclamó Serra. —Sois como… ¿Kaveshe...

Las Hojas de Valira. Capítulo 30

Acampamos junto a un río, donde la emperatriz fue tratada por uno de sus soldados y una dama de vestidos blancos y cubierta por la cabeza ocultando su rostro, y como si sus heridas, mortales para cualquiera, fueran sólo meros rasguños. Yo fui tratada por mi padre y Varea sin magia, cada herida y quemadura con sus respectivos tratamientos, cataplasmas y ungüentos que olían raro. —Ten en cuenta lo que has logrado. —Susurró Varea con una sonrisa de felicidad que apenas podía esconder. —Aunque haya sido en buena parte gracias al archimago y a mí. —Mi hija ha sufrido a manos de esa bestia. —Esa bestia es una de las claves para salvar a los eloars, papá. —Exclamé. —Y si la llevamos hasta el aquelarre, quizás se acabe esta guerra y se largue. —Vuestra hija tiene razón. Escuchamos la voz de Mei, y la vimos junto a Izral y Serra. Su túnica tenía algunos cortes y estaba sucia, pero ella se veía intacta, como si perderse en aquel plano mágico fuese una minucia. —Su majestad desea ha...

Las Hojas de Valira. Capítulo 29

Nos refugiamos en un claro, donde montamos una hoguera y comimos un poco junto al fuego. Ahí le conté todo lo ocurrido a la general, excepto mis conversaciones con La Forjadora. —Me sorprende lo mucho que han tardado. —Suspiró molesta. —Esto no será fácil de escuchar pero… —Vas a hablarme de dioses, así que es una suposición a la que ya había llegado. —Respondí interrumpiendo. —El reino de una diosa, la fuente de la bendición que regaló a la raza que creó. Dijiste hace un tiempo que existen, ya tuvimos contacto con un clérigo de uno de ellos. —Chica lista. —Sonrió orgullosa. —Somos briznas de hierba en medio de un campo de batalla, así es como nos ven los viejos dioses. —¿Y qué dios es el responsable de estar matando a Eyra y los eloars? ¿Ralia? —Naj, la Dama de Seda y ladrona de los destinos, señora de las arañas. —Sacó una pipa y preparó tabaco. Reconocí ese nombre, era el que dijo la Forjadora. —Ha sido la responsable de eliminar a Elzars, Elvars y otras razas, y cas...

Las Hojas de Valira. Capítulo 28

Juntos aparecimos en la ladera de una de las montañas que formaban la cordillera que separaba la península de Isha del interior de Valira, imponente y difícil de ignorar por su altura. Y con ello admiramos por unos momentos la inmensidad blanca de los campos, decorados con las pequeñas casas con sus tejados camuflados con el paisaje. —Estamos al lado, vamos. —Kilian se veía muy animado. —Aceptaré dudas de la arquitectura eliar, no tanto la eloar por la falta de material pero las teorías son bienvenidas. Recorrimos ladera abajo un sendero empedrado y poco usado, un buen trecho acompañado de la charla infinita y aburrida de Kilian y mi padre sobre los eloars. Fue hasta llegar a un roble con extrañas marcas grabadas en su tronco, brillando hasta que Kilian las tocó. —Es ingenioso ese uso de Selara. —Exclamó Mei. —¿Qué es lo que intentas esconder? —Pues el yacimiento eliar. Kilian señaló a otro árbol, que se deshizo en una nube rosada y cuyos alrededores también, dando paso a u...

Las Hojas de Valira. Capítulo 27

Recorrimos a caballo un pequeño trecho de bosque bajo la luz del sol, no sin sentirnos observados. Estábamos alerta, pero si hubieran sido lorasianas, ya nos habrían atacado ¿Entonces? Pues tampoco eran caballeros, no usamos lobos para cazar, y los que nos acechaban tenían oportunidades de sobra para atacarnos. Además, en la distancia vimos a un eloar, inmóvil, de cabellos rojos, piel y ojos verdes, con un semblante sereno, portando un bastón de madera y llevando un enorme manto de pelaje negro. Todos pararon pero yo no, me acerqué a él sin miedo hasta que acarició el morro de mi caballo, mientras yo lo miraba con desconfianza. —Buena montura, los humanos sabéis entrenarlos bien sin necesidad de magia. —Exclamó. —Eres un caballero de los Diablos Negros. —Así es. —La única en estos senderos, acompañada de extranjeros. —Me rodeó y acarició el lomo. —En tiempos de guerra, supongo. —No vengo a pedirles luchar. —Respondí súbitamente. —Sólo soy un caballero. —No, está claro que...

Las Hojas de Valira. Capítulo 26

Nos resguardamos en una cueva profunda que contaba con un río subterráneo y era fácilmente defendible. Mientras Izral y Dante preparaban la hoguera, yo sólo pude darme un baño y dejar que el frío me consumiera, que devorase todas mis emociones. Pero no podía sino ser devorada por esos sentimientos, por la constante memoria de la lucha a caballo, mis guantes y rostro lleno de sangre portando mi lanza y las riendas, por Dante abandonando sus obligaciones por nosotras, por Aslan dispuesto a todo por salvarnos, por Eyra arriesgando su vida para evitar que algo me pasara, por mi padre Noah desesperado por salvar a mi madre Camille, atrapada en el castillo y rodeada por una nación enemiga. Sin contar que parecían mis días en la Orden de los Diablos Negros los últimos, y debía llorar, gritar e inundar la cueva con mi desesperación, impotente ante los eventos que destrozaban mi vida… pero sólo pude aceptar esas emociones, y observando mi espada apoyada junto a mi armadura, mantuve la fe en...

Las Hojas de Valira. Capítulo 25

Tenía la sensación de que algo me observaba en la oscuridad, un par de ojos de iris blancos brillantes en la distancia, ojos de una bestia. De repente desapareció y desenvainé mi espada, sólo para esquivar un proyectil de fuego y bloquear el golpe de un bastón. No vi quien me golpeó, ni siquiera escuchaba los pasos de esa persona ni los míos, pero notaba que estaba bajo una zona mágica que insonorizaba. Invoqué la magia de mi espada justo al ser atacada, una espada de acero que pude desviar, reforzando mi hoja con magia de alguna manera, después otro tajo vertical desde abajo, para después agacharme evitando un tajo horizontal, y en ese instante, un puñetazo al cuarto atacante. El silencio se deshizo y la oscuridad se disipó por un cristal luminoso y púrpura, tres extraños guerreros hechos de acero y una mujer, con bastón de acero con el cristal y hábito azul, diferente al de magos y archimagos, un diseño que me recordaba a los reinos del Este más allá del mar. Aquella mujer huma...

Las Hojas de Valira. Capítulo 24

A la mañana siguiente, rompimos el campamento y partimos a la aldea de Briari, rodeando las colinas del ducado de Odelias y siguiendo el Río Odelias congelado. No sólo empezamos a oír campanas sonando con fuerza, sino también órdenes, choques de aceros. Edel dio la orden, forzar el paso, y eso hicimos con toda la furia que nuestras monturas podían dar, pasando justo al lado de familias de plebeyos que huían. —¡No podrán escapar si los alcanzan! —Grité. —¡Demos guerra hasta que estén lejos! —¡No, tomaremos la aldea! —Ordenó Edel. —¡Este será el primer paso para echar a esas salvajes! —¡Por los hijos de Isha, por Breia y el príncipe Edelius! —Gritamos todos. Veíamos el campo de batalla, los campos otrora cubiertos de nieve ahora eran por sangre, cuerpos y ceniza, la milicia de la aldea, con lo puesto y picas viejas, y caballeros de la Orden de los Águilas Azules con sus corazas en los caballos y sus armaduras de placas luchando contra arqueras de armadura de cuero y montando ...