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Las Hojas de Valira. Capítulo 36

[Este capítulo contiene contenido sexual]  Estábamos en mi habitación, los tres, con unas pocas velas encendidas, con mis manos en sus pechos y observando esas miradas de deseo que parecían tener. —¿Está bien que quieras hacer esto? —Pregunté preocupada mirando a Aslan. —Sé que tu fe es muy importante. —El alcohol y la carne tienen un sentido, pero no hay pecado en hacer sentir bien a la mujer que deseo. —Susurró con pasión y besó con dulzura mis labios. —Te prometo que seré gentil. —Yo no puedo prometerlo. —Dante tomó mi barbilla y besó mis labios también. —Mi bella caballero. Subí mi mano por sus hombros, besé sus labios de forma suave una y otra vez mientras más subía mi mano hasta su rostro. Ese aliento dulzón, el vino y licor mezclados, esos ojos cargados de deseo, y al mismo tiempo las manos de Aslan tomando la mía sólo para sentir sus labios tocar el dorso de mis dedos ¿Cómo no podía estar nerviosa? Eran más grandes y altos que yo, en un duelo era fácil de manejar pero en ...

Las Hojas de Valira. Capítulo 35

Salimos del campamento que estaba entre Boulon y Briari, protegidos por la oscuridad matutina del día siguiente, recorriendo senderos que otros regimientos usaron, pasando la aldea, cruzando el río helado y atravesando el condado de Astara. Nuestra llegada al palacio ducal fue al atardecer, recibidos por el servicio para su sorpresa y atendidos con todo detalle, baños calientes, cambio de ropa cómoda, y tentempiés que calmaban el hambre. Pero lo único que deseaba aliviar en ese momento eran la ira y la decepción que sentía, con mi madre, con Edel, con… Eyra. El palacio se sentía diferente, sí, me diréis que estaba vacío de la gente que realmente lo habitaba con su calor y demás, pero era más que mi vida había cambiado desde que me marché. Vistiendo un camisón de pijama, recorrí los pasillos hasta el comedor, donde ordené que trajeran comida más contundente y varios vinos y licores. Observé el fuego de la chimenea, recordé las veces que Eyra me había besado y me había hecho el amo...

Las Hojas de Valira. Capítulo 34

Me guiaron hacia las tiendas de los magos, mientras oía a los caballeros y el nuevo apodo que me habían puesto, La Corte. La Corte ha llegado, ahí va La Corte, y otras frases con ese nombre que odiaba, que sabía a quien iba. Aún así me resultó extraño, el veneno de la espada de Eyra solía ser bastante rápido, era problemático en los duelos pero esa vez no sufría ningún síntoma salvo escozor, pero no parálisis ni necrosis o desmayo. En la tienda de mi padre le vi a él con Killian y Mei, que parecían discutir en voz alta. —¡Pero según la investigación de Leonora Nuel, dichas runas siempre deben ser en la lengua de Valira, así que no debe ser posible en la eliar! —Gritó mi padre y se dio cuenta de nuestra presencia. —¡Mi vida! —Veo que están muy acalorados los bibliotecarios. —Dante carraspeó. —¿Podrían darnos algo de su tiempo con muchísima premura a ser posible? —Eyra ha envenenado a Alexa. —Exclamó Aslan alarmado. Les mostré mi herida y mi padre asintió sólo para correr h...

Las Hojas de Valira. Capítulo 33

No supe el tiempo que pasó, sólo lo que soñé antes de despertar, una figura ante mí, en un espejo, grande, de armadura pesada de placas de acero blanco, un guantelete con un sol en miniatura en el dorso, con un yelmo de lobo y portando una guja, bañada en abundante sangre tan roja como la capa que llevaba. Podía oír gritos de terror, podía sentir la furia en mi cabeza, más y más furia cada vez que intentaba mirar bajo el yelmo, y ahí estaban, un par de ojos de iris rojos que brillaban, con pupilas alargadas y llorando sangre.  —Mata, mata...  Recuerdo despertar de forma abrupta, tonos duros y autoritarios no muy lejos y de voces familiares, viendo que estaba en una tienda con los estandartes de la Orden de los Diablos Negros, yaciendo sobre un petate y observando una mesa con un mapa y documentos en forma de pergaminos. Estaban además mi madre, Edel, Varea y la capitana Rhea Láskaris, a quien reconocía de sus visitas a la fortaleza, su cabello rosa palo por los hombros, sus ...

Las Hojas de Valira. Capítulo 32

Recuerdo perder el aire de mis pulmones y sentir que algo diferente los llenaba, incapaz de respirar y sólo perder la consciencia. Pero cuando abrí los ojos, me vi en aquella cama de hospital, la sensación de debilidad y un olor que ya había olvidado, tubitos clavados en mi piel, en mis brazos ya muy delgados, y ante mí, una mujer con un vestido verde repleto de flores, de cabellos castaños, piel clara y ojos verdes. —Es un contratiempo, sin duda. —Exclamé con una voz familiar, débil y ronca. —Pero nada que no se pueda arreglar. —¿Te estás oyendo? —Exclamó la mujer, también con una voz familiar. —¡He perdido el refugio de animales y tú lo llamas contratiempo! —Así es. —Desde que tienes cáncer has estado perdiendo más la cabeza. —Negó molesta con la cabeza. —He intentado hacer lo que pedías porque pensé que te aliviaría, y sólo… —Todo está saliendo bien. —¡Claro! —Gritó enfadada. —Te vas a morir, claro que sale bien, y al resto nos jodes la vida con tus fantasías. —¿Segu...

Las Hojas de Valira. Capítulo 31

Al amanecer, ya habíamos partido hacia el norte, como un pequeño ejército moviéndose por antiguos senderos ya olvidados. Al principio vimos raíces cortadas y podridas que surgieron hace mucho del suelo, como si la magia eloar hubiese estado presente. También vimos a unas especies de arañas y humanoides consumidos por el liquen y las setas, atrapados por raíces que consumían su carne desde el interior. Algunas figuras humanoides parecían también hechas de madera, quienes tenían también armaduras oxidadas de un diseño que no se parecía a nada del continente o el mundo. —Que no compartamos su destino, ya dice que estamos en el sitio correcto. —Exclamó Varea. —En otro tiempo nos habríamos tenido que enfrentar a sus más fieles y a su magia. —Tenemos que escribir eso en nuestros diarios. —Killian le habló a mi padre pero le ignoró. —¿Mi buen amigo? —La investigación es importante, pero mi hija lo es más. —No manejáis bien vuestros miedo, mago. —Exclamó Serra. —Sois como… ¿Kaveshe...

Las Hojas de Valira. Capítulo 30

Acampamos junto a un río, donde la emperatriz fue tratada por uno de sus soldados y una dama de vestidos blancos y cubierta por la cabeza ocultando su rostro, y como si sus heridas, mortales para cualquiera, fueran sólo meros rasguños. Yo fui tratada por mi padre y Varea sin magia, cada herida y quemadura con sus respectivos tratamientos, cataplasmas y ungüentos que olían raro. —Ten en cuenta lo que has logrado. —Susurró Varea con una sonrisa de felicidad que apenas podía esconder. —Aunque haya sido en buena parte gracias al archimago y a mí. —Mi hija ha sufrido a manos de esa bestia. —Esa bestia es una de las claves para salvar a los eloars, papá. —Exclamé. —Y si la llevamos hasta el aquelarre, quizás se acabe esta guerra y se largue. —Vuestra hija tiene razón. Escuchamos la voz de Mei, y la vimos junto a Izral y Serra. Su túnica tenía algunos cortes y estaba sucia, pero ella se veía intacta, como si perderse en aquel plano mágico fuese una minucia. —Su majestad desea ha...