Las Hojas de Valira. Capítulo 11
Estuvimos buscando por el viejo molino algún rastro de pruebas, hallando en el sótano un extraño descubrimiento. Allí había un collar con forma de araña y un círculo ritual hecho con sangre, las runas no las entendíamos pero sí lo que había en el centro, cenizas, un pequeño puñado como de animal pero ningún rastro de fuego.
Estaba claro que era brujería pero ninguno tenía conocimientos sobre ello así que decidimos volver al pueblo. Por el camino, vimos humo negro viniendo de la aldea y nos dirigimos raudos allí pero ya se olía la madera y la carne quemadas, y se veían los fuegos de las hogueras, confirmándose cuatro.
Al llegar allí, la gente estaba dividida, algunos aliviados y otros asustados. También estaba el clérigo, el paladín y la acólita, junto a los guardias, pero la acólita se separó y se acercó a nosotros.
—Los primeros fuegos del invierno. —Exclamó Dante serio. —Dicen que no necesitáis muchas pruebas para que alguien arda.
—Temo que hubo muchas pruebas y confesiones, además, odio quemar viva a personas, culpables o no. —Respondió la acólita evitando mirar a Dante. —Buscaban poder vivir como los elfos nocturnos y su patrón fue una mujer en la oscuridad hablando con arañas. Parece que intentaban llevar a cabo un ritual llamado Alquimia de Almas y que ella les ofreció una muestra de sus resultados, la hija del granjero era capaz de transformarse en animales y tenía tatuajes similares a los elfos.
—Nosotros encontramos un círculo ritual y este blasón. —Le mostré el emblema y la acólita parecía sorprendida. —Y nos encontramos a un brujo capaz de controlar magia oscura y que esperaba a los tuyos, dijo que los chicos habían creado al monstruo. Bueno, y el monstruo ya lo matamos.
—Veo más posible que él sea el responsable de la criatura y que mintiera. —Dirigió la acólita su mirada a las hogueras. —Pero no quita que ellos hayan cometido graves agravios.
—La magia viene del alma, la mayoría de magias, esa fue la primera lección del padre de Alexa y las magias de elnars y eloars vienen de la misma fuente, del alma ligada a las bendiciones de las diosas según su cultura. —Eyra me miró de reojo. —Un ritual así es peligroso para todos, jugar con las almas para obtener nuevos tipos de magias… podría dar paso a cosas muy chungas.
—Me gustaría informaros de todas las investigaciones que haga, señorita D’Ur. —Asentí. —Y si necesito algo, me gustaría…
—Lo que necesites. —La acólita se despidió y miré a los demás. —Necesito descansar en la taberna antes de partir.
Asintieron y antes de marcharme con ellos, observé los cuerpos ardiendo en las hogueras, la carne negra y los rostros de dolor. El lado oscuro y cruel de aquel mundo, los monstruos, los seres en las sombras, la justicia temible de una institución que vigilaba de forma férrea a la gente, aunque era extraño que acertasen por una vez.
Cuando llegamos, estuvimos tomando gachas y cerveza, y a pesar de nuestra victoria, no hubo palabras sobre ello, sólo silencio. A pesar de tantos pensamientos en mi cabeza, del recuerdo del horror, hallé consuelo en el hecho de que muchas vidas estarían a salvo, aún si otras se habrían perdido, o eso quería creer constantemente, si fuera caballero… esa idea constante, esa línea dibujada en tantos escenarios.
Cuando terminamos, salimos de la taberna y el cielo parecía más despejado. Eyra se veía más relajada, aunque Dante estaba intranquilo al igual que Aslan.
—¿Queréis acompañarnos? —Pregunté por sorpresa. —Si así queréis y no es un problema.
—Pero tendría que alargar mi misión diplomática tan importante. —Exclamó con sarcasmo Dante. —Una muy importante.
—El rubio dice que no. —Eyra le dio un codazo a Aslan. —¿Tú qué dices?
—Me vendrá bien buscar un herrero en la siguiente aldea.
—Eh, que yo también me uno. —Dante levantó las manos. —Sólo me hacía el interesante.
—Me cago en el rubio, tontísimo eres. —Eyra le miró con desprecio. —Vamos, anda.
Caminamos hacia el sur, una marcha tranquila a pesar de la nieve, pero el tiempo era bueno. A veces veía a Dante y Aslan charlar, y Eyra solía entrar, conversaciones simples, risas y piques.
Cuando subimos la parte más alta de la colina, nos paramos a comer algo de cecina y pan mientras veíamos el paisaje. La aldea de Foné y el mar al sur que era nuestro siguiente destino, El río Vesta y sus aguas bravas, algunas casas, las montañas de Mistal a duras penas por la larga distancia y la niebla.
—Entonces… te gustan las mujeres. —Exclamó Dante apoyado en un árbol. —¿Sólo mujeres?
—Es obvio que sí. —Respondió Eyra desde las ramas grandes de un roble. —¿Te resulta intimidante?
—El amor entre dos mujeres es algo tan puro que ningún hombre debe mancillarlo. —Aslan habló sentado en la nieve.
—Diosa, suena raro y pervertido. —Dante habló molesto. —¿Tú qué opinas, Alexa?
—Apruebo, me gustan las mujeres. —Me encogí de hombros mientras veía el río. —Y los hombres.
Ambos príncipes enmudecieron mientras Eyra me miraba con cierta aprobación.
—Sin duda, cualquier hombre o mujer con quien estés, estará bendecido o bendecida. —Aslan carraspeó. —Me alegra saber cuales son tus preferencias.
—Sí, lo mismo digo, es… positivo. —Dante se sonrojó. —¿Entonces… vosotras…?
—Aún no lo sabemos. —Eyra se encogió de hombros. —Pero me sorprende que hablemos de nuestra sexualidad y no de haber matado a tremendo bicho ¡Joder, eso estuvo increíble!
—Lo hicimos muy bien. —Dante sonrió orgulloso. —Quizás yo me deba llevar la medalla por la estrategia.
—Ya, pues el de las arenas se merece el de ser un cabrón valiente. —Aslan y Eyra se guiñaron el ojo. —Y yo el de la puntería gloriosa, bueno, y Alexa con eso de las debilidades.
—Quizás sigamos luchando juntos en el futuro. —Sonreí y miré a todos. —Reconozco que me asusté pero… me sentí fuerte no estando sola, luchando a vuestro lado.
—Tía, eres fuerte incluso sin nosotras, se nota muchísimo. —Eyra me miró orgullosa. —Tienes algo ahí que dice “soy una viejita veterana” ¿Sabes? Como de haber vivido mucho y sufrido mucho pero eres sólo Alexa, la pelirroja sabia.
—¿Ese va a ser mi apodo? —Cerré los ojos y solté una carcajada. —No suena mal ¿Y a ti cuál te ponemos?
—La chica salvaje, claro. —Habló con burla Eyra. —Robo comida y follo con quien quiero.
—La sinvergüenza suena mejor. —Dante me susurró con burla.
Escuchamos en ese momento pasos de caballo, un grupo de diez caballeros con brigantinas azules y el estandarte gris del águila azul, caballeros de la Orden de las Águilas Azules. Parecían que iban a pasar a nuestro lado pero quien los dirigió los ordenó pararse en seco y observó a Eyra detenidamente, observó sus tatuajes elficos y mostró gran desprecio.
Era de cabellos rubios y largos, ojos azules, piel clara, atlético. Él y Eyra se miraron, casi como si fuera a haber una pelea, hasta que se dirigió a mí.
—¿La elfa va con vosotros? —Asentí al preguntar él. —¿Quiénes sois? ¿Mercenarios o aventureros?
—Ninguno, me temo. —Hice una reverencia. —Soy Alexa D’Ur Urda, hija de los duques D’Ur, y mis compañeros son Eyra Sylvana y los príncipes de Erona y Otona, Dante Arenti y Aslan Bali.
—Yo soy el príncipe Casio D’Ishala Efemérides Freila At Masta. —Hizo una reverencia y con un tono burlón. —Es un honor conocer a la sobrina de la mujer que se sacrificó por mi hermano.
—Sí, a pesar de servir en la orden que se centra en las amenazas al Imperio y no en las que defienden a la familia imperial. —Respondí seria. —Es extraño ver a un príncipe y a la Orden de las Águilas Azules fuera de palacio, supongo que tienen la misión de dar un paseo matutino.
—Me aseguro de que mis súbditos son fieles a mí y mi familia.
—Ah, lealtad y no seguridad es lo único que puede garantizar, no dice mucho de usted. —Al decir eso yo, Eyra soltó una carcajada. —Menos de los caballeros de la orden.
—Muchas palabras para una joven que no se ha ganado su título de caballero.
—Muchas palabras para un hombre que se indigna pero es incapaz de defender su honor. —Sonreí burlona. —Caballero es un título que otros deciden si lo ha ganado, guerrero es algo que se gana uno ¿Es usted un guerrero, alteza?
Mostró cierto enfado, bajando del caballo y desenvainando su espada de mano y media, con inscripciones en la hoja que se cubrieron de una capa de hielo. Tomé entonces mi espada y creé una daga de hielo en mi mano izquierda.
—Un duelo sencillo, una ronda, quien caiga al suelo, pierda su arma o se rinda, pierde. —Hizo una reverencia. —¿Os parece bien, mi señora?
—A la primera rama que caiga.
Ambos nos separamos, atentos el uno al otro mientras los caballeros y mi grupo esperaban expectantes. Cuando cayó entre nosotros una rama de árbol, Casio fue el primero en atacar como un novato, un tajo desde abajo que pude ver y esquivar fácilmente, un ataque lento que parecía a propósito.
Se lanzó con una estocada, mucho más rápida y brutal, pero sólo tuve que golpear su tercio medio con el tercio fuerte de mi espada, desviando la hoja para acabar poniendo el filo de mi daga en su ojo izquierdo. Su mirada de terror y como jadeaba ya me decía lo asustado que estaba de mí y de morir.
—No hay límites para hacer daño así que haré un príncipe tullido. —Exclamé. —¿Os rendís o debo seguir?
—Yo… —Tragó saliva y cerró los ojos. —Me… me rindo.
Dejé caer mi daga y me aparté, viendo que mi espada de alguna manera había copiado la magia de la espada de Casio, estando la hoja envuelta en hielo.
—Ha sido un placer, príncipe, y estoy segura de que le ganaré en otros duelos. —Le miré de reojo mientras envainaba. —Pero le sugiero que no vuelva a citar a mi tía porque le acabaré intentando mutilar sin piedad
—Menudo perdedor. —Eyra saltó del árbol y se acercó a mí. —¿Nos vamos?
El príncipe entonces atacó a Eyra pero ella desenvainó rápido ambas espadas, siendo la derecha la que emitía una extraña aura celeste desde sus inscripciones y la izquierda liberando algún tipo de fluido verdoso. Desvió el tajo golpeando la hoja con la derecha, eliminando la magia de la espada de Casio, y puso la izquierda en el cuello, justo antes de que los caballeros desenvainaran sus espadas, con una velocidad y precisión superiores a las nuestras.
—Si logro cortar un poco, esa sangre azul tuya va a coger un tono diferente y en un ratito la espichas. —Exclamó Eyra con una sonrisa. —Y tengo ganas ¿Eh? Dame el gusto, vamos, principito.
—Si muero…
—Entonces Edel será el único como candidato. —Exclamé y alzó la cabeza evitando la hoja como podía. —¿Qué va a ser?
Dejó caer la espada Casio, y Eyra se apartó sin dejar de envainar sus espadas.
—Mi familia se enterará de esto. —Tomó su espada y nos miró desafiantes. —Y haré que ejecuten a tu elfa esclava.
—Vamos, que el pito corto este va a llorarle a su familia de que es un perdedor. —Eyra caminó hacia mí y Casio gritó enfadado. —Vamos antes de que estos tíos tengan que traerle pañuelos.
—¡Pienso rajarte el cuello personalmente algún día y delante de…!
Ambas nos fuimos mientras nos reíamos de toda aquella situación. Los cuatro continuamos juntos y reconozco que aquella primera vista del príncipe Casio fue bastante cómica y divertida, satisfactoria incluso por defender el honor de mi familia, aun sin saber la sangre que correría por el imperio en el futuro.
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