Las Hojas de Valira. Capítulo 14
Durante el resto del día estuvimos descansando y planificando el duelo contra Solen. También estuvimos entrenando Eyra y yo, Aslan reparó su escudo y Dante practicaba magia.
Pude dormir durante la mayor parte de la noche pero en plena madrugada, la ansiedad me gobernó. Decidí estar ya lista, saliendo de la cama sin que Eyra se despertara y yendo directa a la playa de la aldea.
Aún si el olor a pescado era fuerte y el sol no se había puesto, quería estar ahí, sobre el muelle. Pude sentir su presencia detrás de mí, el olor a sangre fresca y sus ojos brillando en la oscuridad, sus pasos cada vez más cerca y una presión en el pecho que me dolía con fuerza.
—¿Has decidido desistir, muchacha?
Su voz llegó desde mi espalda.
—Está claro que no.
—No tendré piedad —Añadió. —Aunque nadie va a morir aquí.
—No como mi tía Beatrice. —Solté sin pensar y me di la vuelta. —La dejaste morir.
Hubo un silencio y la presión en el aire cambió.
—Si tienes algo que decirle… reza —Dijo ella, más fría. —Pero no vengas a descargarlo sobre mí.
Di un paso hacia ella.
—Te importa lo que pudo pensar cuando ya no estaba. Pero no te importó cuando podía salvarse.
Su expresión se endureció.
—No sabes de lo que hablas, Alexa.
—Sí lo sé —Respondí. —Esa culpa, seguro estabas ahí, el día que protegió a Edel.
Silencio otra vez.
—Si hubiera elegido distinto… —su voz bajó un poco. —Otra persona estaría enterrada, no habrías crecido con tu madre. Las decisiones que tomé, cada una, decidieron que crecieras bajo la mirada de tu madre.
Me sostuvo la mirada.
—¿Y tú qué habrías hecho? —Preguntó molesta. —¿A cuál hubieras dejado morir?
—Habría intentado salvarlas a las dos.
Aquellas palabras nunca fueron tan acertadas por la mirada que Varea puso. Me dirigí a la taberna pero un muro de lanzas de sangre se levantó en mi camino, justo cuando aparecieron los primeros rayos de sol.
Creó dos espadas de sangre que se solidificaron, parecía que iba a lograr apuñalarme, pero Eyra se interpuso bloqueando con sus espadas. Ambas lucharon con gran agilidad, bloqueando y esquivando, uniéndome sin control a la refriega.
Cuando la hoja de mi ropera tocó la hoja de Varea, se rodeó de sangre y rompió su espada. Aquel instante fue suficiente para que Eyra lograra patearla por detras con ambos pies, lanzada hacia el agua y que cayera de espaldas.
—No te atrevas a tocar a Alexa. —Exclamó Eyra con rabia. —¡¿Me oyes?! ¡No necesitamos tu estúpida orden!
Varea sólo respondió lanzándole una daga de sangre pero Eyra logró esquivarla convirtiéndose en un pequeño búho. Se levantó, me miró y convirtió la espada en una lanza de sangre mientras salía del agua.
—Veo que te hemos dado donde más duele. —Exclamé sin control. —Voy a seguir un poco más.
De alguna forma parecía hablarme a mí, o eso pensaba.
Varea empezó a lanzar hechizos, explosiones de hielo, tornados, proyectiles de agua a gran velocidad, rayos, pero podía esquivarlos y protegerme usando selum como una burbuja antimagia. Pero era difícil, Varea no usaba palabras ni glifos, costaba predecirla y más cuando me obligaba a huir de ella y alejarme de la aldea.
Al alcanzar suficiente distancia y estar lejos, tomé el control y pude luchar cuerpo a cuerpo, intentando alcanzar la velocidad y reflejos de Varea. No lograba herirla con mi magia ni que bloqueara mis ataques, sólo esquivaba y me hería en las extremidades con pequeños cortes con dagas de hielo y sangre.
—¿Crees que me conoces? —Preguntó justo cuando Eyra apareció detrás de ella, cayendo y logrando cortar profundamente con sus espadas. —¡No sabes nada de lo que es mi posición!
Eyra rodó a su lado, deteniendo la estocada de la lanza de Varea con ambas espadas, justo con la punta cerca del cuello, aquellos reflejos de mi compañera eran tan acertados que se salvó. A mí me lanzó una bola de fuego que me arrojó bastantes metros debido a la explosión aunque no me hizo demasiado daño.
Aslan apareció golpeando el rostro de Varea con su escudo y Dante la ensartó en el vientre con una lanza de hielo. Parecía que se había acabado, pero Varea sólo agarró la lanza que la atravesaba, gritó con furia y una ráfaga de aire se levantó a su alrededor, tan fuerte que apartó a todos.
—¡No sabéis lo que es perder a quienes amáis y a quienes os siguen! —Gritó enfurecida y se sacó la lanza de hielo. —¡He vivido tanto que sois unos niñatos gritones comparados conmigo!
Sus heridas sanaron y lanzó una llamarada azul hacia Aslan, quien se protegió con su escudo. Dante consiguió interrumpirla con un tajo que Varea esquivó sin problema, sólo para congelar los pies del príncipe con una rafaga de hielo de su mano libre.
Me uní entonces a Eyra, presionando con tajos y estocadas que Varea sólo pudo bloquear y esquivar. Levantó un vendaval a su alrededor que casi nos arrastró, lanzando un relámpago al pecho de Eyra que la alejó a bastantes metros y encadenó en mí, paralizando mis músculos.
—Aprende a perder, muchacha.
Puso su hoja en mi pecho pero Aslan logró derribarla de nuevo con un golpe de escudo. Entonces le lancé Belius a las piernas, desestabilizando a Varea y logrando que Aslan acertara con un tajo horizontal con su cimitarra en llamas.
—Sigues sin entenderlo. —Su herida siseó mientras la carne volvía a cerrarse.— Esto no terminará con una victoria. Hay batallas donde sólo eliges qué estás dispuesta a perder. Cada decisión deja algo atrás. Eso es lo único que nunca cambia.
Sus ojos brillaron con intensidad, y una lanza de sangre atravesó las piernas de Aslan, justo cuando una flecha de Eyra acertó en el pecho de la general. Ese fue el instante en el que pude atravesar su vientre con mi ropera en un momento desesperado, sólo para verla sonreír cara a cara.
—Eres tú quien empezaste esto.
—Yo no fui quien abrió la boca, muchacha. —Me apartó de una patada y una daga de hielo impactó en su pierna. —No importa cuantas heridas hagáis, voy a seguir adelante, es la mejor parte de la magia de sangre.
Me atacó con su lanza de sangre e intenté bloquear como pude todos los ataques, sólo para interponerse Dante y lograr romper el arma con una explosión de fuego. Logró atravesarla con su alfanje pero ella lo tomó del cuello y lo lanzó a bastante distancia y con gran fuerza y velocidad.
—Con esto, quedan dos. —Atrapó en el aire una flecha y la partió por la mitad. —Eyra y Alexa ¿Cuánto sacrificareis por vuestro amor?
—¡No te metas donde no te llaman!
Eyra se convirtió en un huargo enorme que se abalanzó sobre Varea y la atacó con mordiscos que destrozaban hombros, rostro y brazos. Pero Varea no tuvo piedad, múltiples lanzas de sangre surgieron del suelo e intentaron atravesar a Eyra, sin éxito al esquivar y volver a su forma original.
Yo aproveché y logré acertar una estocada al corazón para después apartarme dando una patada al pecho que la derribó, esquivando después todas las lanzas que surgían de la nieve. Vimos a Varea levantarse de nuevo, sacudiendo la arena y la nieve de su uniforme, sólo para acabar chasqueando los dedos.
—Sois impresionantes. —Sonrió al tiempo que mi cuerpo se sentía pesado. —Lástima que ahora si deba enseñarte la lección.
Eyra intentó atacarla pero con un gesto rápido le atravesó el vientre desde atrás con una espada de sangre y la apartó de una patada cayendo a la nieve. Los tres habían caído sin posibilidad de levantarse, sobretodo Eyra la más herida.
Poseída por la rabia, ataqué con mis ballestas de mano, le lancé Belium varias veces pero ella lo esquivaba todo, hasta que en un descuido, fui directa y atravesé su vientre y su pecho varias veces con mi espada, cortes y estocadas profundas, sólo para después estar bloqueando sus ataques como podía.
Me logró apartar de una patada, dando un codazo directo a mi oreja izquierda y atravesando mi vientre con su espada, sintiendo el calor de la sangre y el dolor del filo cortando mis entrañas. Vi su cuerpo intacto, sus heridas desaparecidas, su rostro sereno y tranquilo mientras yo no podía contener el terror a la muerte que tanto escondí.
—Esta herida… es suficiente para matarte sin tratamiento. —Sonrió entre jadeos. —Aquí es cuando pierdes, muchacha.
—¿Sí…? Pues… pierdo con todo. —Sonreí y escupí sangre sobre su rostro, sólo para poner mis manos en sus mejillas con un glifo eléctrico. —Xel… Xeliara.
Sólo un zumbido y un temblor en mis carnes fueron las últimas sensaciones antes de perder la consciencia por unos momentos. Cuando abrí los ojos, estaba tumbada de lado y vi a Varea de rodillas, su rostro completamente destrozado justo antes de sanarse.
—Esto… no ha terminado. —Intenté levantarme como pude a pesar de mis heridas y miedos, e invoqué un glifo dorado en mi palma. —¡Breus!
A pesar de quedarme sin fuerzas, sané mis heridas hasta que no fueron mortales y ni una carga, y tomé mi espada. Varea sonrió y volvimos a chocar nuestras hojas, aprovechando cada apertura para lanzarle Xelium al corazón.
Logré acertar de nuevo al paralizarla, mi espada le había atravesado el corazón, acabando yo completamente agotada y esperando que no fuera capaz de sanar más. Caí de espaldas con la sensación de una fatiga intensa, pero ahí sólo vi a Varea quitarse mi espada como si nada, mirándome con desprecio y sanando una vez más usando magia sagrada con un chasquido.
—Has perdido igualmente, chica. —Exclamó y dejó caer mi espada. —Pero he disfrutado mucho. Lástima que tuvieras que abrir esa bocaza porque…
No pude oírla al cerrar los ojos, el agotamiento fue tal, que caí inconsciente. Aquella fatiga era algo que no había experimentado nunca, como si mi cuerpo dejase de responder y mis músculos pesaran.
Pero en mí había una sensación de orgullo, una ajena, idéntica a la que siento cuando no tengo el control. Cada vez más creía que el alma de la verdadera Alexa seguía ahí pero me sorprendía que no quisiera echarme.
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