Las Hojas de Valira. Capítulo 5
Tuvimos que hacer un descanso rápido por las quemaduras de los hechizos eléctricos. Ambas tomamos agua tras tratar las heridas y estuvimos sentadas en la hierba y sin vestir las armaduras.
—Creo que soy una carga. —Exclamé. —Dos veces has tenido que protegerme.
—Y tú una. —Escupió Eyra el buche de agua. —¡¿Estábamos contándolas?!
—Supongo que sí, yo al menos.
—Es bueno saberlo. —Sonrió tranquila. —No eres una carga, lo estás haciendo bien, las dos lo hacemos, es sólo que juegan a matarse y nos pilla de sorpresa.
—Supongo.
—Y bueno, uno tiene magia y el otro usa una cadena. —Eyra se rascó la nuca. —Lo siento por no poder transformarme en una bestia grande.
—Podrías usar otras cosas que no sean raíces.
—Usar magia cansa. —Se encogió de hombros. —Las raíces son lo que menos me agota.
—Podríamos agotar a Dante y destruir la cadena de Aslan.
—Veo eso de destruir, lo de agotar al rubito… podría hacerlo yo. —Ambas nos miramos y negué con la cabeza. —¿Quieres agotarlo tú? ¿Después de recibir esas heridas?
—Sólo céntrate en Aslan. —Me levanté y sacudí mis piernas. —Él sí quiere ayudar a Dante, aunque Dante no ayudará a Aslan, e intentará desarmarme de nuevo, ahí romperé la cadena con magia y lo aprovecharemos para centrarnos en el más débil.
—No si yo logro hacer ganar la última ronda.
—¿Ahora te interesa ganar? —Solté una carcajada. —Está bien, a ver quien de las dos lo hace mejor.
—Nah, lo de hacerlo mejor lo logras tú.
Estaba detrás de ella, caminando hacia la arena, y a pesar de toda la seguridad que mostraba, Eyra apretaba con fuerza sus manos y pude ver por un momento la preocupación en su mirada. Quise sostener una de sus manos y tranquilizarla, casi se rozaron nuestros dedos pero… dudé, no fui atrevida, quizás porque yo también sentía dudas conmigo misma.
Nos ayudaron de nuevo con las armaduras y tomamos de nuevo las armas. Aslan y Dante nos esperaban además del público, y agarré mi espada con las dos manos.
—La siguiente ronda será nuestra. —Exclamó Dante. —¿Estáis listas para perder?
—Este tío es un pesado. —Eyra suspiró. —¡Que te voy a callar la boca, caramierdas!
Al escuchar el tambor, corrí hacia Dante mientras Eyra iba a por Aslan, atacando con un tajo desde abajo y chocando mi tercio medio con su tercio débil. Cuando tuve un flanco abierto, usé belium y le lancé a bocajarro una bola de fuego en el pecho, alejándolo de mi por sorpresa.
Estuvo bloqueando todos mis ataques al estar abrumado e incapaz de responder de otra forma, mientras yo atacaba con estocadas a cierta distancia. Ambos entonces nos alejamos y me quité el yelmo y la capucha, dejándolos caer en la arena, recordando como Eyra estaba de rodillas y me asustó, como ocultaba sus emociones, como me importaba.
—¡Aquí no hay títulos o sangre, sólo guerreros luchando por su honor! —Grité e invoqué un glifo de hielo en mi mano izquierda. —¡Yelum!
Surgieron placas de hielo sobre las placas de metal de mi torso.
—Así que, Dante, dime. —Hablé desafiante. —¿Dónde está tu honor? Para poder hacer que te lo tragues por atacar a tu compañero.
Se quitó el yelmo, lo dejó caer y me miró con furia, corriendo a mí. Atacó sin control, buscando desviar mi espada con su tercio fuerte varias veces pero sólo esquivaba hasta que bloqueé con mi tercio fuerte y le di un cabezazo en la nariz, pero en vez de atacar, me retiré.
—¡Hija, ahora es cuando debes atacar!
No, mi madre tenía razón pero quería que durase, quería que fuera largo y humillante para él. Y en ese instante escuché el tintineo de las cadenas, dejé que el gancho tomara mi espada y me desarmara, y agarré con mi derecha los eslabones.
—¡Ahora, Aslan, es…! —Gritó Dante pero vio que no me importó. —Espera ¡Es una trampa!
—Belus.
Encanté las cadenas con fuego, la temperatura que tendría las llamas de una forja, los eslabones se derretían al igual que mi guantelete. El dolor abrasador era intenso y el olor de la carne de mi mano se podía notar en toda la arena a pesar del encantamiento de hielo, pero conocía tan bien el sufrimiento que no me importaba en absoluto, sólo sentía la emoción del combate.
—Esta es la diferencia entre tú y yo, su alteza. —Hablé y apreté el puño mientras el gancho caía y él me miraba asustado. —Usted sacrifica aliados, yo sacrifico mi cuerpo.
Le ataqué de forma abrupta e intentó bloquearme como podía, intentando alejarse de mí desesperado. Lanzaba bolas de fuego y descargas eléctricas sin hacerme nada, gritaba el nombre de Aslan pero él sufría el infierno de los ataques de Eyra y su magia usando raíces, no había victoria posible para ambos.
—¡¿Por qué no caes?! —Gritó desesperado intentando buscarle. —¡Aslan, maldita sea, ven ya!
Aproveché el desvío de su hoja y ataqué con un puñetazo a su rostro pero mi espada se resbaló cuando vi a Eyra correr hacia nosotros. Dante aprovechó para atacar con un tajo desde abajo, pero era la idea, porque justo antes de que su hoja fuera a tocar mi costado, Eyra golpeó su tercio débil con una de sus espadas, desviándolo, y con su otra espada puso la hoja en su rostro, dejando un pequeño corte.
—Esto, aquello y lo otro. —Exclamé con una sonrisa. —Y ganamos.
—Me gusta… esa frase. —Eyra respondió entre jadeos. —¿Te la puedo robar?
—¡Victoria para Alexa D’Ur y Eyra Sylvana!
Eyra envainó, se apartó y miró con desprecio a Dante, que cayó de rodillas. Aslan se acercó para inclinarse de rodillas y ofrecerme su cimitarra, pero cuando iba a tomarla, mi cuerpo dejó de responder, mi vista se volvía borrosa y noté como apenas podía sostenerme, cayendo y perdiendo la consciencia antes de sentir el impacto.
No recuerdo que pasó después, sólo un momento en el que estaba rodeada por mis padres, Eyra y sus madres, y varios caballeros del ducado, sentía un cálido tacto además y el sol aún con su calor. Vi mi mano desnuda con toda la carne quemada hasta ver músculo y tendones, sangrando sin parar, regenerándose por la magia de mi madre quien me estaba sanando con todo su esfuerzo.
Me hizo pensar cuantas veces estuve en el hospital, cuantas veces la gente, mi familia sobretodo me asistía así y no de forma turbia como si ya hubiese muerto. No sólo eso, el dolor, las sensaciones, la victoria del duelo pero también moral, no sé siquiera si sonreía pero estaba feliz de estar viva y de tener una familia que me quería.
Desperté a la noche en mi habitación, vestida con un camisón, tumbada en la cama y abrazada por mis padres, viendo además mi mano completamente curada. Observé que también estaban las madres de Eyra sentadas en una esquina, arropadas y dormidas, y recordé su rostro de miedo, sus gestos, cada momento que pasamos.
Me levanté con cuidado y salí a buscarla, corriendo por todo el palacio, susurrando su nombre desesperada. Cuando la encontré, estaba en un balcón con Edel, sentados en la barandilla y tomando una botella de vino.
—La verdad que ese día se lució peleando contra ti. —Exclamó Eyra. —Fue genial ver eso.
—Sí, es fuerte. —Edel tomó un trago. —Pero Camille dice que es porque le encanta, le van las emociones duras, y a lo mejor es por lo que vivió de pequeña.
—¿Realmente Alexa…?
—Sí, Camille me contó que ella y Noah lo comprobaron pero el sanador lo confirmó. —Ella le miró atónita. —Que esté viva… que volviera a la vida es un milagro pero no se puede evitar unas secuelas así, físicas seguro, pero no emocionales.
—Es curioso ¿Sabes? El día que volvió… fue cuando nos conocimos por primera vez. —Eyra sonreía y bebió un trago. —No me juzgó, sólo… quiso ser mi amiga.
—Tampoco lo hizo conmigo.
—Tú eres hemnas. —Le dio una patada. —No es igual.
—Soy un príncipe con dos mentoras y una de ellas me ofreció un poder oscuro para sobrevivir.
—Bueno, te seguiría sin juzgar, tío. —Ambos rieron. —No sé, ella es muy abierta.
—¿Qué pensaría si le dijera que sólo me gustan los hombres?
—Se la sudaría. —Eyra miró a la luna y bebió un poco. —La parte de los poderes oscuros le llamaría más.
—Eso es cierto. —Edel empezó a reír. —Es demasiado curiosa por esas cosas, así que seguramente le importe nada que nacieras con… ya sabes, pene, y que te gustasen sólo las mujeres y las relaciones abiertas.
—Ya, seguramente le de igual eso, y está bien. —Ella habló indiferente. —Son otras cosas que me preocupan.
—Bueno, somos amigos, ya conocemos nuestros secretos.
—Ya, la cosa es… que Alexa no me quiere, no como la quiero yo. Me gusta desde hace años, no dejo de pensar en ella. —Su voz se quebró. —Y ella no para de decir eso de que somos amigas y amistad y tal, porque está claro que no es correspondido. Y si lo fuera, no tendría futuro, Alexa tiene que casarse con un hombre hemnas, no se permiten los matrimonios interraciales y del mismo género, la gente nos odiaría. Y luego tengo que verla hacer mierdas como la de esta mañana ¿Y si le ocurre algo cuando seamos caballeros? ¿Cómo debería…?
Aquella confesión me hizo feliz por saber que yo le gustaba, y no sabía mis sentimientos aún, no es que no me gustara pero tampoco me desagradaba. Pero también estaba triste, decía la verdad, la sociedad no querría algo así, y sus inseguridades, sus miedos, no había forma de mi parte de aliviarlas, pues ella seguía siendo esa niña insegura aunque no quisiera mostrarlo.
—¿No es lo mismo que hiciste tú? ¿Arriesgarte para ganar? ¿Para proteger? Así os entrenamos. —Exclamó Edel enfadado. —Y sobre lo demás… Camille me dio el mejor consejo cuando le dije sobre mí. Vivir pensando a futuro no te hará feliz, vivir pensando en presente sí.
—Ya, nos entrenasteis, pero Alexa no hizo nada de eso hoy, no terminó el combate cuando debía, siguió porque es idiota ¡Se puso en peligro con esa gilipollez y para nada! ¡¿Soy la única que lo ve de verdad como es?! —Eyra se levantó indignada y tomó la botella de vino. —Y su consejo es una puta mierda.
Rápidamente me escondí y escuché como se acercaba más y más, y como después se alejaba, mientras yo contenía con fuerza mis lágrimas y mi pesar. Dudé de seguirla, no era capaz de afrontarla ¿Realmente había ganado? Había ganado honor, había demostrado a alguien que tenía razón, pero sentía que había alejado a alguien importante.
—¿Alexa?
Escuché la voz de mi padre y salí del escondite, viéndole encender algunos candelabros con su magia. Me quebré, recordé lo que me dijo cuando era pequeña y busqué su abrazo, rompiendo a llorar entre sus brazos.
—Mi pequeña princesa ¿Qué te duele?
—Yo… —Negué con la cabeza entre lágrimas manchando su hábito. —La cagué… muy fuerte… papá… la fastidié…
—No pasa nada, mi vida.
Comentarios
Publicar un comentario