Las Hojas de Valira. Capítulo 34

Me guiaron hacia las tiendas de los magos, mientras oía a los caballeros y el nuevo apodo que me habían puesto, La Corte. La Corte ha llegado, ahí va La Corte, y otras frases con ese nombre que odiaba, que sabía a quien iba.

Aún así me resultó extraño, el veneno de la espada de Eyra solía ser bastante rápido, era problemático en los duelos pero esa vez no sufría ningún síntoma salvo escozor, pero no parálisis ni necrosis o desmayo.

En la tienda de mi padre le vi a él con Killian y Mei, que parecían discutir en voz alta.

—¡Pero según la investigación de Leonora Nuel, dichas runas siempre deben ser en la lengua de Valira, así que no debe ser posible en la eliar! —Gritó mi padre y se dio cuenta de nuestra presencia. —¡Mi vida!

—Veo que están muy acalorados los bibliotecarios. —Dante carraspeó. —¿Podrían darnos algo de su tiempo con muchísima premura a ser posible?

—Eyra ha envenenado a Alexa. —Exclamó Aslan alarmado.

Les mostré mi herida y mi padre asintió sólo para correr hacia mí. Usando Brearis con un gran brillo en la tienda y bastante tiempo, sentí un alivio en mi herida al poco después.

—¿Cuándo ha pasado? —Preguntó Mei.

—No demasiado. —Respondí seria. —Pero ya debería haber desarrollado más síntomas.

—Que todos se vayan menos usted, mago Urda. —Ordenó Mei. —Hay que desnudar a Alexa y hay muchos mirones.

—Desde cuando una enemiga extranjera… —Dante habló sorprendido sólo para ser empujado por mi padre. —¡¿Señor?!

Expulsó a todos uno por uno menos a Killian, a quien puso la mano en su espalda.

—¡Lo siento mucho, mi querido colega!

—Por favor, mi buen amigo Noah, revéleme después la verdad de este curioso misterio mientras tomamos un té.

—¿Todos los magos de Valira son así de afectuosos? —Mei hizo una mueca de desagrado. —¿O es alguna clase de homosexualidad platónica oculta en años de academicismo?

—Ya veo que mis contemporáneos del imperio de la seda y la pólvora son hostiles y recelosos de la cordialidad entre investigadores.

—¿Vais a lanzaros ya hechizos o me vais a desnudar de una vez? —Pregunté enfadada. —Porque quiero saber que coño le pasa a mi cuerpo, no oír a mi padre y a mi ex asesina decirse puyas.

Mientras me desnudaba, veía lo repleto que estaba de estantes con pergaminos, la mesa central repleta de artefactos élficos, y un espejo frente a mí al otro lado de la tienda. En él, veía mi pecho con tatuajes de raíces que llegaban hasta el vientre y los hombros, tatuajes que fueron observados detenidamente por ambos magos.

—¿Tenías esos tatuajes antes? —Preguntó Mei.

—Yo recomiendo siempre estudiar el Melétai perì tôn toû kósmou mageiôn. —Exclamó mi padre sin perder la atención ni un momento. —La magia eloar se muestra en forma de tatuajes en diferentes estadios según parámetros, edad, fuerza espiritual y adaptación a la misma. Esto corresponde a… los tatuajes de un infante eloar entre los seis y nueve años, edad correcta para desarrollar ya una fuerte resistencia a todo tipo de venenos, y tener algo de control sobre su magia.

—Bueno, no la controlé exactamente con Eyra. —Susurré frustrada. —Quizás tenga la bendición eloar tras adentrarme en el lago.

—Necesito tomar apuntes de esto. —Mi padre tomó pluma, tinta y un libro. —Si… no te importa, hija.

—Adelante. —Respondí resignada. —La forma en la que derroté a la bruja fue extraña y apenas la recuerdo, quizás algún tipo de duelo… ¿Espiritual? Con magia, claro, pero… podía ver a Saira y a Naj, las…

Veía a mi padre mirarme sin tomar apuntes, con su pluma goteando tinta sobre el papel, manchando varias hojas a la vez.

—… Diosas élficas, y también sentir mi cuerpo repleto de raíces. —Respondí preocupada. —¿Ocurre algo? ¿Temes que la Iglesia te llame hereje?

—Mi hija es más importante que cualquier investigación. —Dejó las cosas sobre la mesa y vi como apretaba los puños. —Vístete y… ¿Quieres un té?

—¿Exactamente cómo se purificó la fuente? —Preguntó Mei con una sonrisa relajada. —Si no es molestia.

—Quiero pasar un rato a solas con mi hija. —Podía notar la furia en la voz de mi padre. —¿Se puede ir con los suyos, maga Mei?

Mei no dudó y se marchó mientras me vestía, sólo para después cerrar yo los ojos. La amabilidad de mi padre de nuevo, siempre ahí para consolarme o darme esperanza ¿Cómo no podía agradecerle estar en mi vida?

—Papá. —Acaricié su espalda. —¿Estás preocupado por mí?

—Siempre lo estoy cuando no te veo sonreír. —Me miró de reojo y después agachó la cabeza. —No es justo, lo que la orden está haciendo, Edel, tu madre… ni siquiera puedo estar de acuerdo en sus intenciones.

—Sabías que iba a pasar.

—No voy a negar que… tus actos requieran un castigo pero no tan duro ¿Echarte de la orden? Es… —Negó con la cabeza. —Es una locura, pero hablaré con tu madre, yo…

—Noah. —Escuché la voz de mi madre y la vimos entrar. —¿Podemos hablar los tres?

La vi con una mirada de amargura y pesar, a pesar de aquella pose de disciplina militar acorde a su uniforme.

—¿Vas a echarme ya después de pelearme con Eyra también? —Pregunté molesta. —Otro motivo más, duelos sin permiso junto a la deserción y la traición.

—Eyra lleva días siendo una irresponsable. —Respondió seria. —Y tú... Actuaste en una situación difícil y salió bien.

—Pero desobedecí órdenes.

—Y pudiste esperar a Edel o volver con él. —Exclamó molesta. —Pero actuaste también sola, sin compañeros, con enemigos, adentrándote en terreno desconocido.

—También hiciste locuras a mi edad, el Abordaje del Ember, el rescate de la Familia Arenti, el Asedio del Alcázar Rojo ¿No luchaste ahí también con los emperadores de Erona y Otona y papá?

—¡Pero tenía a mis compañeras también! —Gritó enfadada y rompiendo a llorar. —Y… a Beatrice.

—¡Ya pues yo no los tuve porque Eyra perdió la cabeza por culpa de unas putas brujas!

Tras ese grito, intenté recuperar el aliento y di un golpe sobre la mesa.

—Había gente a punto de morir, eloars, caballeros nuestros con la bendición, Eyra, Elariel, pero no pasa nada, yo espero tranquila y listo ¡No importa, Alexa! ¡Hay que mirar a tu novia y a toda una tribu morir! —Suspiré molesta. —Que le den a la orden. No necesito que alguien lo entienda, no voy a seguir.

—¿Vas a… abandonar la orden? —Preguntaron ambos sorprendidos.

—Estoy dispuesta a que me castiguen, pero desde que he despertado, nadie me ha dado un puto respiro. —Evité mirarles a los ojos. —Me hubiese gustado que alguien se preocupara por mí, y por ahora sólo mis amigos y ese Izral han estado ahí. Y papá, porque él… al menos cree en mí. Quizás tú, Edel, Eyra, alguien de la orden podría también haber hecho ese esfuerzo, porque soy una persona que puede soportar la presión hasta cierto limite. Pero quieres que me vaya ¿No, mamá? Pues adelante.

Me alejé de mi padre y caminé hacia mi madre sólo para encararla.

—Pero no voy a ayudarte a vengar a la tía Beatrice ni a hacer a Edel emperador. —Hablé poseída por la rabia pero manteniendo la calma. —El ducado no será más tu herramienta, te lo aseguro.

—Si te vas, se considerará deserción de nuevo y serás expulsada para siempre. —Exclamó apretando los puños. —No podrás cumplir tu sueño.

—Me da lo mismo ya.

—¡Y…! —Tomó mi mano con fuerza. —No dejaré que seas mi heredera fácilmente.

—¡Camille! —Gritó mi padre.

—Pues venga, convierte a Edel en heredero entonces. —Respondí desafiante, tomándola por sorpresa. —O a cualquier familiar ambicioso y estúpido que sea fácil de manipular, sin importar si soy tu única hija. No esperes que me importen ya tus amenazas, Camille.

La aparté de un codazo y salí de la tienda con ganas de llorar. Contuve mis emociones mientras estaba buscando mi tienda, sólo para encontrarme a Aslan y a Dante esperando en la entrada.

—¿Qué pasó al final con eso de aguantar el veneno? —Preguntó Dante con curiosidad. —¿Te convertiste en Eyra? 

—Más o menos. —Respondí seca.

—Buf, que cierren la cocina con llave, eh. —Dante habló de forma burlona pero ninguno sonrió. 

—Parece que el príncipe Edel y la emperatriz Serra están ya firmando el acuerdo. —Aslan se cruzó de brazos. —Díez días de guerra y se sienten como si hubieran sido más…

—Bueno, teniendo en cuenta que los dos capitanes lograron romper los asedios más importantes, causando y sufriendo muchas bajas… no es que tuvieran tantas opciones ningún bando. —Dante habló molesto. —Pero reconozco que es muy sucio usar su propia derrota de forma beneficiosa dadas las intenciones personales de esta guerra, eso la hace más peligrosa. Imaginad si hubiese decidido centrarse en conquistar toda la península.

—Me da bastante igual lo que quiera o hubiese querido hacer, chicos. —Exclamé molesta. —Voy a preparar mis cosas y volver al ducado.

—¿Qué? Pero si tendréis un desfile hacia la capital y todo cuando se larguen las lorasianas. —Dante habló sorprendido. —¡Eres la protagonista y todo, joder! Y nosotros también iremos, los tres, los cuatro… la heroína de…

—Si te vas ahora, la gente lo notará y te lo impedirán. —Aslan tocó mi hombro. —Esta noche nos iremos juntos. Y tú también puedes unirte, Dante.

—Notas bien lo jodida que estoy.

—Si se va, me uniré a usted. —Izral habló detrás de mí. —Y no puedo aceptar un no por respuesta.

—Gracias por ayudarme con lo de Eyra. —Suspiré y me encogí de hombros. —Y… haz lo que quieras, no tienes donde caerte muerto así que por mí bien.

—Si me permitís, señorita D’Ur.

Vi a Mei sonreír de forma amable.

—¿Sería posible unirme a ustedes? —Dante y Aslan se miraron mutuamente al oír la voz envolvente de Mei en nuestras cabezas. —Mi trabajo como agente del emperador no ha terminado, y deduciendo que abandona a la orden, significa que va a tomar el puesto de duquesa provisional. Ambas tenemos intereses dispares, pero podemos beneficiarnos de nuestros recursos a mano.

—Haz lo que te de la gana. —Me crucé de brazos. —Ni siquiera sé si tengo ganas de ser duquesa.

—Si me permite un apunte más. —Mei se acercó a mí. —No debería dejarse sentir derrotada, deberíamos… beber todos juntos. Para su gente, los logros que ha obtenido no son tan valiosos como realmente valen, y los que valoran, serán atribuidos al príncipe Edel, no será usted tratada como merece. Pero con nosotros cuatro sí, porque hemos luchado juntos codo con codo, y como dispares camaradas, sería correcto compartir una botella o dos de vino.

—Este hombre no ha tocado una botella de alcohol en su vida. —Dante golpeó el pecho de Aslan y habló de forma burlona. —Pero… ¡Sí, joder! Hemos hecho un puto hito gracias a ti, deberías estar feliz y orgullosa. Te mereces beber con estos dos sensuales y apuestos príncipes.

—Sí, si nos trasladamos a la vida de la general Xue Yingtai, ella celebraba la victoria con orgias con varios hombres. —Mei se acarició la barbilla y observó su bastón. —Quizás el sexo con dos hombres te ayude a aliviar tu frustración con esa mes… elfa.

—Mei… —Izral suspiró molesto mientras Dante, Aslan y yo nos sonrojábamos. —Creo que deberías leer mejor tu entorno y no la vida sexual de personajes históricos.

—No digas tonterías, es importante aprender de nuestro pasado y usarlos como inspiración para resolver los problemas de ahora. —Mei le contestó indignada.

—Creo que… pasaremos sólo al alcohol. —Carraspeé avergonzada.

Ver a esas personas querer celebrar conmigo mi éxito me ayudó a aliviar mi dolor. Quizás no tenía a mi familia, o a mi amor, o a mis compañeros, pero tenía a mis amigos, y a dos extraños… que fueron mis enemigos no hace mucho, quizás era lo que necesitaba realmente.

—A todo esto. —Carraspeé. —¿Dónde coño estamos acampados? 

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