Las Hojas de Valira. Capítulo 35
Salimos del campamento que estaba entre Boulon y Briari, protegidos por la oscuridad matutina del día siguiente, recorriendo senderos que otros regimientos usaron, pasando la aldea, cruzando el río helado y atravesando el condado de Astara. Nuestra llegada al palacio ducal fue al atardecer, recibidos por el servicio para su sorpresa y atendidos con todo detalle, baños calientes, cambio de ropa cómoda, y tentempiés que calmaban el hambre.
Pero lo único que deseaba aliviar en ese momento eran la ira y la decepción que sentía, con mi madre, con Edel, con… Eyra. El palacio se sentía diferente, sí, me diréis que estaba vacío de la gente que realmente lo habitaba con su calor y demás, pero era más que mi vida había cambiado desde que me marché.
Vistiendo un camisón de pijama, recorrí los pasillos hasta el comedor, donde ordené que trajeran comida más contundente y varios vinos y licores. Observé el fuego de la chimenea, recordé las veces que Eyra me había besado y me había hecho el amor, las veces que mi madre me enseñó a pelear y me dijo lo orgullosa que estaba de mí, y sólo pude romper a llorar, gritando con una furia que parecía que mi voz resonaba por todo el palacio.
—Siéntese frente a la chimenea. —Exclamó Izral. —Le traeré una manta.
Le vi vestir con unas calzas y una camisa algo grande, que mostraba su pecho al aire, con abundante vello cristalino y dos cicatrices bajo su pecho sin areolas ni pezón.
—Tu sobrina… —Pregunté en voz baja, pero pudo oírme perfectamente. —¿Alguien te consoló cuando…?
—Mi pueblo no suele usar la empatía. —Respondió con cierto enfado. —Por eso entiendo el dolor que Alexa sufre ahora. Yo fracasé y me merecí lo que recibí, pero usted ganó, y… sólo su padre parece… haber estado ahí para usted.
—Nunca fue así con mi madre y Eyra, con mi padre sí, es el hombre más tierno y amable del mundo. —Sonreí tontamente.
—A mí me parece un hombre temible. —Carraspeó. —Cinta yang paling berbahaya adalah cinta seorang ayah. El amor más peligroso es el amor de un padre.
—Me gustaría que el de mi madre fuese también así. —Respondí triste. —Me resulta horrible que todo se haya desmoronado tras la guerra.
—El miedo a perder lo que amamos nos hace cometer locuras. —Escuché la voz de Mei. —Eres el ejemplo perfecto.
La vi vestir como Izral, y sin llevar su bastón, con su cabello al aire, largo hasta las piernas.
—Pero pensar en ello no te hará sentir mejor. —Se acercó a la mesa y llenó dos copas con vino tinto. —Distracciones y compañía.
—Quizás me ayude…
—Lo hará. —Mei sonrió y me ofreció una copa. —Una de sus altezas reza y la otra disfruta un rato más de las aguas. Puedo distraerte con una disertación sobre los rituales oscuros y los divinos.
—Suena muy aburrido.
—Bueno, siendo la hija de uno de los magos más importantes de nuestra era, creí que sería un conocimiento mas que bien recibido. —Ambas nos sentamos y tomó un poco de su copa. —El amor familiar y sexual no es lo mío.
—Me sorprende viniendo de una espía. —Sonreímos ambas y observé el rosado de mi copa. —Te imaginaba más usando magia oscura, no tan académica.
—Xreum… —Ante aquel susurro, una masa negra surgió de su pecho y tomó forma de tentáculo, sosteniendo la copa con él. —¿Esta magia oscura?
—Eh… se supone que usarla te corrompe. —Exclamé asustada. —Bueno, es lo que mi padre me enseñó.
—Usar Xre no corrompe, la magia es llamada desde el alma, sus deseos y conceptos sobre lo que busca traer a este mundo. —Su voz se sintió relajada. —La institución encargada del control social hizo creer cosas erróneas, incluso entre los académicos de esta nuestra disciplina ¿Acaso el uso de Bre o Tre también corrompe? Pues no.
—Me intentas hacer cuestionar mis propias creencias.
—Es obvio, sí. —Ambas dejamos escapar una ligera carcajada. —Lo que corrompe al alma viene del mismo sistema que conocemos como bendiciones. Si un elfo o clérigo o paladín tiene magia, es porque su alma está afectada por una bendición o, de forma correcta, un pacto no consentido y heredado con un ser divino. Para unos es una parte de su cultura, para otros quizás sí es corrupción.
—Conozco la teoría.
—Pues un mago oscuro o brujo no se crea de la nada, su magia viene del pacto con una entidad que muchos consideran como oscura, pero dicha oscuridad no es sino su mentalidad y naturaleza, contraria a nuestros ideales y moralidad, mismo sistema separando en lo que podemos asignar como Bueno y Malo. Aunque el aquelarre que encontramos funciona de otra manera.
—Robando bendiciones pero no tiene sentido ¿Robarlas y luego destruir la fuente de las mismas? —Pregunté sorprendida. —Quizás no es destruir como creemos, sino robar también ¿No? Eso tiene más sentido.
—Puede ser. —Se rascó la barbilla mientras Izral me arropaba. —No conozco tanto a este enemigo.
—Si pudiéramos conocer mejor la historia élfica y su mitología… —Izral exclamó y se sentó de rodillas a mi lado. —Podríamos luchar mejor
Mei asintió mientras Izral llenaba su copa de licor de arándanos.
—¿Hay… alguna forma de percibir cuando alguien tiene una bendición o un pacto? —Pregunté con curiosidad. —Algún ritual de mago o con algún hechizo.
—Sí, pero es un secreto que guardamos los magos de Shinxai. —Sonrió con burla. —Por eso intuía ya que tenías una bendición eloar pero me resultaba extraño. No es heredado ni robado, no lo tenías antes.
—Entonces… sólo la bendición eloar.
—Así es pero es curioso. —Observó en silencio su copa por unos momentos. —La mayoría de los humanos de este continente tienen algo que he visto poco en el resto del mundo y en mí, como una bendición. La magia humana o la aprendes o te es innata, y si no logras nada de eso, no puedes usar magia ¿Entonces por qué la mayoría de los humanos de aquí no la usan de forma natural si podrían hacerlo?
—Valira guarda muchos secretos en sus entrañas. —Respondí seria.
—Te empiezo a apreciar, Alexa D’Ur.
Ambas chocamos nuestras copas y sonreímos. Fue entonces cuando Aslan entraba, vistiendo un camisón blanco largo y algo ajustado, con sus pies desnudos y mojados como su cabello.
—He estado escuchando vuestra conversación. —Hablaba mientras dirigía su paso hacia nosotros. —¿Puedo preguntarte sobre mi alma?
—Es la misma que la de cualquier paladín. —Le miró a los ojos y le invitó a sentarse. —No hay nada malo en ti si es lo que te preguntas.
—¿Entonces por qué no puedo usar la magia divina?
—Porque no sabes, es simple. —Se encogió de hombros Mei. —Un paladín o un clérigo no suele necesitar glifos ni cantos pero para eso requieren años de práctica desde niños, mejorando con el tiempo y el entrenamiento. Y siendo sincera, tú no tienes pinta ni de haber entrenado ayer, así que el secreto no está en peregrinar y buscar secretos religiosos o meditar.
—Así que… ¿Debo entrenar como un mago?
—No, aprender teoría mágica como un mago. —Mei carraspeó. —Por suerte para ti, estoy aquí.
—Parece que la noche de beber en mi casa se ha convertido en una conferencia de magia. —Empecé a reír ante la sorpresa de todos. —¿Qué tal si jugamos a algo hasta que venga la comida y Dante?
Estuvimos viendo a Aslan y a Izral jugando al ajedrez mientras Mei y yo bebíamos. Cuando Dante llegó, vestía como Izral, con su cabello suelto y largo.
Se unió a nosotros a beber y la comida llegó, platos de pescados y mariscos de diferentes formas con ingredientes de todo tipo, evitando siempre la grasa animal. Comíamos juntos, disfrutábamos del alcohol excepto Aslan, charlábamos de pequeñas anécdotas, viajes a lugares interesantes, experiencias divertidas y algunas subidas de tono.
Pero lo más importante, ya no me sentía mal, estaba con gente que quería apoyarme, celebrando la vida, mis éxitos. Y sí, mi corazón sufría aún, pero menos que antes, porque ante mí estaban dos hombres, me habían seguido en mi desesperación y locura, me habían visto sufrir, y no dudaron en acompañar mi carga.
Sí, mi corazón sufría, pero… latía con rapidez cuando un simple pensamiento era sobre ellos, con sólo susurrar sus nombres, Aslan, Dante. Y era extraño ¿Sabéis? Mi relación con esas cuatro personas no empezó bien, en algún momento se inició como rivalidad o enemistad, y sin darme cuenta, ahora parecíamos camaradas.
Pero algo en mí quería más de Aslan y Dante, algo pequeño y familiar, y era confuso ¿Quería estar con ellos o sólo su calor para olvidar el dolor de Eyra? Quizás sólo amaba lo simple y humilde que Aslan se veía, quizás amaba al buen hombre que se estaba convirtiendo Dante, o quizás sólo quería devolver lo que me dieron, su tiempo y su fuerza.
Apoyé el codo derecho, mi cabeza en la mano con la barbilla, y rocé los tobillos de los príncipes con mis pies. Había miradas cómplices, sonrisas discretas entre los tres, incluso contacto espontáneo con sus manos en mis rodillas.
—Con vuestro permiso, voy a irme a mi habitación. —Izral se levantó algo ebrio. —Me encuentro muy cansado.
—El alcohol habla demasiado. —Mei empezó a reír de forma seca y sin magia. —Sobretodo por ciertos buenos amigos.
—Lo bonito de ser amigos de la infancia. —Dante respondió con burla.
—Tampoco te pases. —Aslan le dio una patada que hizo tambalear las copas y botellas. —Eras un tremendo bastardo cuando nos conocimos.
—¡No era un santo, lo reconozco! —Gritó avergonzado. —Pero no voy por ahí “admirando la belleza del mundo que la divinísima creó” ¡Mira, Alexa, un riachuelo! ¡Oh, su divina, una montaña nevada!
—Soy un hombre observador.
—¡Yelum! —Dante invocó una estatua de hielo de él mismo desnudo. —¿Observaste bien eso? Lo bien que tu divina me creó
—Serás…
Aslan gruñó enfurecido y sólo pude romper a reír, lo cómico que era todo y al mismo tiempo estúpido, sumando la cantidad de vino que había bebido.
—Al final sólo necesitaba dos arlequines. —Mei soltó una risotada. —En fin, buenas noches.
Mei e Izral se marcharon mientras Aslan y Dante me miraban, con sus rostros sonrojados, con sus manos temblando un poco.
Yo también lo estaba, me costó levantarme y agarrar una de las botellas de vino.
—¿Habéis estado en el balcón de mi dormitorio? —Pregunté de forma casual. —Tiene unas vistas preciosas al cielo.
—¿Estás segura de que es lo que quieres? —Aslan preguntó y se levantó.
—Habéis estado a mi lado luchando mis batallas y sé que no es por amistad. —Desvié la cabeza avergonzada. —No os he agradecido lo suficiente todo lo que me dais, pero no intento daros… bueno, sólo quiero decir que quiero… pasar la noche con vosotros. Lo que surja es porque los tres queremos.
—Entonces no necesitas llevar vino. —Exclamó Dante
Caminaron hacia mí a la vez, Dante dejó la botella en la mesa y Aslan acarició mi cintura con su izquierda.
—No quiero que me des las gracias. —Susurró Aslan y apartó un mechón de mi cabello tras la oreja. —Quiero que estés bien.
—Creo que lo que intenta decir Aslan es que nuestra excelencia merece una buena recompensa. —Susurró en mi oído y tomó mis brazos. —Si es una cita bajo las estrellas, por nosotros está bien.
Mi corazón estaba latiendo acelerado, no era capaz de apartarles o mirarles.
—¿Y si… soy codiciosa? —Pregunté avergonzada. —Lo que quiero en realidad es… sentirme viva.
Aslan sonrió y Dante besó mi oreja. Les tomé de las manos y los llevé conmigo a mi habitación, ansiosa por lo que pasaría después
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